Cuando propongo una sesión de compromiso, la primera reacción es casi siempre la misma: ¿es realmente útil, o es una forma elegante de vender un servicio más?

La respuesta se resume en algo que llevo años observando: las parejas que hicieron una sesión antes de la boda están visiblemente más relajadas en las fotos del gran día. No es una impresión, se ve en las imágenes.

Lo que realmente está en juego

El día de la boda tendréis cien cosas en la cabeza y un fotógrafo rondando a vuestro alrededor durante diez horas. Si es la primera vez en vuestra vida que alguien os fotografía en serio, parte de vuestra atención se va ahí.

Si ya habéis pasado hora y media conmigo tres meses antes, sabéis cómo trabajo, a qué distancia me coloco, y que no os voy a pedir poses imposibles. Esa atención vuelve a estar disponible para vuestro día.

El beneficio práctico

Una sesión de compromiso también produce imágenes que necesitáis de verdad: la invitación, la web de la boda, el anuncio a la familia, el libro de firmas. Imágenes recientes de los dos, bien encuadradas, en las que os reconocéis, en vez de una foto recortada de la boda de un amigo.

Cuándo programarla

De tres a seis meses antes. Bastante pronto para que las invitaciones salgan a tiempo, bastante tarde para que ya tengáis el anillo y el estado de ánimo que lo acompaña.

Dos vestuarios, dos lugares

Siempre recomiendo un contraste: un lugar y un vestuario informales, y después un lugar y un vestuario más elegantes. La galería queda mucho más rica, y obtenéis a la vez imágenes para la invitación e imágenes para enmarcar.

Lo que no es

No es una boda en miniatura. No hay vestido blanco, ni puesta en escena, ni presión de horarios. Es una hora y media en la que simplemente estáis prometidos: un estado que no dura y que casi nadie piensa en fotografiar.

¿Estás planeando tu boda y dudas sobre una sesión de pareja antes del gran día? La página dedicada explica cómo funciona.