El problema de un local cuya carta cambia constantemente: no se pueden fotografiar los platos, en quince días ya no estarán. Había que fotografiar otra cosa.

Fotografiar el lugar, no la carta

Construimos la serie en torno a lo que no cambia: la luz de última hora de la tarde sobre la barra, las manos que sirven, los clientes habituales. La carta aparece de fondo, nunca como protagonista.

Resultado: un año después, las imágenes se siguen usando, aunque la carta haya cambiado veinte veces.

Algunos detalles se han modificado a petición del cliente.